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El Rescate a la Banca Española.

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Hace algunos años tuve en mis manos el libro de Robert Fulghum, “Todo lo que necesitaba saber lo aprendí en el jardín de infantes”, planteaba que las reglas de una buena vida son simples y no se aprenden en las aulas universitarias. Aquí algunas esas simples reglas: juega limpio, limpia lo que ensucies, sonrójate, vive una vida equilibrada. En alguna parte, el autor declaraba: “toma cualquiera de esos ítems y tradúcelo en términos adultos sofisticados y aplícalo a tu vida familiar o trabajo, gobierno o mundo y se mantendrá verdadero, claro y firme.”
 
El mundo ha recibido con bastante escepticismo la maniobra de rescate de la banca española. Y es que más allá del impacto que las medidas tendrán en la deuda pública  o la incertidumbre de si el monto será suficiente para resolver la crisis, subyacen razones más simples pero menos evidentes. La primera es la legítima suspicacia respecto de la capacidad del gobierno español para manejar la crisis y la otra, tiene que ver con las reglas de Fulghum.
 
Reglas de oro: “gasta menos de lo que ganas” y “limpia lo que ensucias”. El rescate no cautela ninguna de las dos y el apoyo a la banca debería estar acompañado de un plan fiscal que permita asegurar la reducción de la deuda como porcentaje del PIB. No inmediato, no cortoplacista, pero España debe asegurarse de gastar menos de lo que gana, lo que en su caso es difícil.

No sólo las medidas de austeridad son impopulares, la estructura estatal permitió que existan singularidades como aeropuertos de los que no salen aviones. Por otro lado, las medidas tampoco cumplen con “limpia todo lo que ensucias”. En los últimos años, de manera sistemática, han surgido situaciones en que la banca ha sucumbido, producto del manejo de sus propios negocios, salvándolo el Estado.

Esto se origina en otra regla básica y simple, esta vez de las finanzas: para ganar, hay que arriesgar. Entonces la banca flexibiliza más allá de lo razonable sus políticas de crédito, se arriesga al límite y si gana, las ganancias son suyas. Claro que si pierde, hace la de Pilatos y el Estado, es decir, los ciudadanos, debe salir al rescate.

El plan es un parche, es como bajar la fiebre con paños fríos. Sirve para evitar las tercianas, pero no sana. Y esto, porque no cumple con dos reglas simples que hasta un niño del jardín entiende: gasta menos de lo que ganas y limpia todo lo que ensucias. Aunque yo agregaría dos más que se me vienen a la cabeza respecto de la banca española: “juega limpio” y “sonrójate”



















Loreto Ferrari, Directora de la Escuela de Negocios de AIEP


 

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